| El Zorro
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Escrito por Jesús Huerta Suárez
Lunes, 24 de Septiembre de 2012 09:43 |
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Alegorías :: El Zorro
El Zorro era un personaje muy popular en mi escuela. La mayoría de los compañeros de la secundaria lo admiraban porque él era quien más mujeres desnudas había visto de todos, incluyendo a los de la preparatoria. Ésa era su verdadera pasión: ver mujeres sin ropa. Todos los días esperaba con ansías que cayera el sol para salir de “cacería”.
El Zorro durante la mañana, en lugar de atender la clase, se dedicaba a planear qué ruta tomaría y quiénes serían las damas a visitar. Hasta donde yo sé, a mi compañero el fisgón, no le importaba mucho la edad de sus presas. Lo mismo contemplaba a las señoras que a las púberes de la casa. Por supuesto que en más de una ocasión hasta a las abuelas le tocó ver en cueros.
Por entre los techos y las bardas sabía moverse con la astucia digna de un gato enamorado. Obviamente este muchacho no le temía a las alturas, y tal parece que los “tacos de ojo” que se echaba en cada baño que visitaba, mantenían vivo su deseo para seguir espiando.
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| Alegorías: La Biblia
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Escrito por Jesús Huerta Suárez
Jueves, 15 de Marzo de 2012 14:16 |
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Justo cuando doña Rita se levantó de su silla para apagarle a los frijoles, tocaron a su puerta. Era muy común que alguien lo hiciera, pero no con esa insistencia. Al abrirla, grande fue su sorpresa al ver que por fin le había llegado la Biblia que había estado esperando durante semanas. Era un libro de la más alta calidad, con ilustraciones a todo color, forrado en madera tallada, con un tratamiento contra las termitas y en tamaño tabloide. Venía impecablemente empacado y con una nota que certificaba su autenticidad y que estaba bendecido. La emoción que sentía hizo que le brotaran lágrimas. A su hija, que le ayudó a desempacarla, le pareció una Biblia muy hermosa, pero muy pesada. En cambio a ella, le pareció liviana. Y dijo que su fe le dio este primer milagro: el de no sentirla pesada.
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| Alegorías: El Tirabichis
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Escrito por Jesús Huerta Suárez
Sábado, 03 de Marzo de 2012 13:16 |
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¿Puedes creer que después de recoger la basura por 33 años me hayan jubilado con mil pesos a la quincena?- Me preguntó a bocajarro quien dijo llamarse Rosalío.
¿Mil pesos a la quincena?-no puedo creerlo, le dije. Si; eso me toca de pensión después de pasar casi toda mi vida de tirabichis, comentó. Y yo que ni idea tenía de cuánto le podría tocar a alguien con este oficio.
Y me contó que había estudiado hasta 3ero de primaria, por lo que batallaba mucho para hallar empleo, hasta que un día, a sus 17 años, gracias a unos familiares pudo conseguir trabajo en servicios públicos del Ayuntamiento. –Duré tres meses en acostumbrarme a este trabajo, pero nunca pensé que me quedaría ahí durante tanto tiempo, dijo. Y pensaba que su pobre sueldo se podría a completar con cosas que se encontrará en la basura, pero dijo que nunca encontró nada de valor. Y me contó que eso de llamarles tirabichis se debía a que un día en su ruta, encontraron una caja de cartón que alguien había tirado, con un niño desnudo en su interior. Fue una noticia que todos comentaron y dice que desde entonces les comenzaron a llamar los tirabichis.
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| Alegorías: La Cárcel
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Escrito por Jesús Huerta Suárez
Jueves, 16 de Febrero de 2012 10:10 |
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De los amigos que tengo, dos están presos: uno tras las rejas y el otro tras un escritorio. El que está tras las rejas lo está por robar a la empresa en donde trabajaba; el otro, por robar el tiempo a la familia que un día formara. Los dos sufren de igual manera. Lo mismo que sus allegados.
El que está en la cárcel nunca tiene mucho que comer, pero sí muchos con quien compartir la mesa. El del escritorio tiene mucho que comer pero no lo general se sienta solo a la mesa. Ambos están abandonados; uno por que sus horarios nunca son compatibles con el de los suyos, y el otro, porque aunque quisieran los suyos siempre estar con él, los horarios de visita no se prestan.
La billetera de uno de ellos siempre está llena, pero sus brazos siempre están vacíos. En cambio, al que está tras las rejas, siempre le falta el dinero y espacio para más presos.
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| Alegorías: La prótesis
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Escrito por Jesús Huerta Suárez
Lunes, 13 de Febrero de 2012 10:58 |
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De pronto, la rutina en la planta de empaque se vio interrumpida por un terrible grito de dolor que ensordeció el ambiente. ¿Ahora quién se habrá cortado?, me pregunté. Y sí, a los minutos ya se sabía que una de las máquinas le cortó la mano a una compañera de trabajo.
Sí, la pobre Rosy valió madre; esa morrita de unos diecisiete años que tenía poco de haber entrado a trabajar con nosotros. Fue algo muy gacho, y, aunque no era la primera vez que la cortadora le cercenaba la mano o los dedos a alguien, no terminabas de acostumbrarte. Después del grito, la muchacha se desmayó. A los minutos llegó una ambulancia, se la llevaron al hospital, y todo volvió a la normalidad.
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| 2012 Aquí vamos de nuevo
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Escrito por Jesús Huerta Suárez
Jueves, 05 de Enero de 2012 11:27 |
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De repente sentí frío en el alma; el miedo y la confusión que éste provoca se apropiaron de mis sentidos. En lugar de abrigar la dicha propia que todo renacimiento trae consigo, y de advertir la esperanza a mi alrededor por tener ante mí la posibilidad de iniciar un nuevo año, me dejé llevar por los espejismos de la desventura. Y ahí estaba, llorando de nuevo las mismas lágrimas de siempre, hasta que decidí poner el dedo en la llaga. Entonces comprendí que, si tanto me aflige el fugaz paso del tiempo que se lleva consigo el ayer, me avocaría a llenar de alegría el presente. Alegría que es lo único que al final nutre de salud al espíritu. La alegría de los momentos tristes y de los momentos felices, por igual, aquilatarlos cual joyas.
Es necesario darse cuenta que no hay que dejarse llevar por la imperante voluntad del deseo que casi inevitablemente nos lleva al callejón sin salida de los excesos, si queremos ser mejores personas.
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| Alegorías: El Yimi
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Escrito por Jesús Huerta Suárez
Jueves, 15 de Diciembre de 2011 19:15 |
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Todos los que vivían por el Paseo de los Robles sabían la historia del Yimi, menos yo, hasta que por azares del destino alquilé el departamento en donde años atrás vivió. Supe que el Yimi era un gringo que se había venido a estudiar medicina a la Autónoma de Guadalajara. Dicen que era de Florida, pero en su departamento dejó posters de todos lados, menos de Florida. El caso es que era un estudiante muy dedicado y de personalidad desenfadada. Era un tipazo, decían los que lo conocieron, pero sobre todo doña Armida, una señora que hacía el aseo, que fue quien más lo trató y quien, al confesarle que a veces oía a alguien hablando inglés en la azotea, en los pasillos, o en mí propio cuarto. Y me contó que James, como se llamaba, era un joven muy simpático; buen estudiante, y muy fiestero, y que fue así como se pasó los cinco años de la carrera, entre viviendo entre libros, haciendo amigos y divirtiéndose. Pero a parte de eso, él tenía un grave problema, era adicto a las drogas. Fumaba marihuana y se metía heroína, y también experimentaba con las recetas que veía en la clase. Su caso no era extremo.
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