El Perro
Escrito por Jesús Huerta Suárez    Martes, 24 de Agosto de 2010 10:49    PDF Imprimir E-mail

Juan Pablo estaba decidido a pasar unas vacaciones de verano inolvidables. Estuvo ahorrando por meses para ir a Mazatlán con sus amigos, como lo habían planeado. Las vacaciones ya estaban a la vuelta de la esquina. Sus papás pensaban que le vendría bien divertirse un poco y cambiar de aires, después de un pesado semestre en la preparatoria. Les constaba que su hijo hacía un gran esfuerzo para sacar adelante sus materias, sobre todo matemáticas y química, que no se le daban.

Decían que era un buen muchacho, pero muy distraído. Un poco extraño para vestirse; y con dos tres amigos greñudos que lo buscaban, pero, definitivamente, su perro Blanch, era su mejor amigo. Lo había criado desde que era un cachorrito; era un pastor alemán blanco. Decía que eran poco comunes esos perros. Lo adoraba; dormía en su cuarto y lo consentía a más no poder. Siempre estaban juntos, y por las tardes lo sacaba a pasear por las calles de su barrio. Una noche, a Juan Pablo, se le ocurrió compartir con su perro el humo de la marihuana, que tanto le gustaba. Ése era el secreto que tenía, y quizá la razón para ser un poco raro ante los ojos de los demás: le gustaba demasiado fumar hierba.

Con el paso del tiempo el mismo perro ya “le hacía ojitos” para que le diera su ración del día; bueno, al menos eso pensaba él.

 
¡La Capital se derrite!
Escrito por Jesús Huerta Suárez    Miércoles, 14 de Julio de 2010 10:35    PDF Imprimir E-mail

Alegorías
Por Jesús Huerta Suárez
¡La Capital se derrite!


“Comiendo espinacas, arreando a las vacas, Popeye nació en Torreón” repite interminablemente el clásico carrito de la nieve, por las calles de mi barrio en Hermosillo. Imagino que el vendedor de helados no está loco por el sonsonete de la corneta, sino porque son pocos los niños que osan salir por su gelato. La ma´lora se adueñó de las calles de la Capital.

Todos temen separarse de los aires acondicionados, mismos que nunca terminan de enfriar. No se dan abasto. Las paredes queman. El humo de los autos también busca la sombra. Se mete entre el sudor de la gente. Los aparatos rugen cual dragones escupiendo vientos abrazantes.

 
Sobremesa con Arteche
Escrito por Jesús Huerta Suárez    Lunes, 12 de Julio de 2010 10:24    PDF Imprimir E-mail

Alegorías
Por Jesús Huerta Suárez
Sobremesa con Arteche


Hace tiempo me tocó ver unas fotografías de la reconocida pintora Frida Kahlo y su esposo Diego Rivera, acompañados del marxista León Trotsky, el escritor André Breton, el poeta Isamu Noguchi entre otras personalidades que solían visitarlos en su Casa Azul en Coyoacán, y en donde disfrutaban de sendos manjares y de espirituosas bebidas. De inmediato me pregunté de qué hablarían esos personajes durante sus reuniones.

Tiempo después, cuando estudié pintura con el maestro Arteche me comentó que a él le toco acudir a alguna de estas reuniones sociales, y que en verdad la pasaban muy a gusto.

 
La cárcel o el panteón
Escrito por obson.com staff    Viernes, 09 de Julio de 2010 09:42    PDF Imprimir E-mail

Alegorías

Por Jesús Huerta Suárez

La cárcel o el panteón


Después de esperar más de media hora al fin llegó Israel ante el licenciado de oficio que le habían recomendado. Israel es un hombre alto y delgado de unos sesenta años, que lleva en la piel lo surcos que el sol ha labrado durante años. Su sombrero, botas y mezclilla le dan la clásica estampa del vaquero sonorense. Se sentó ante él y a boca jarro le dijo:-esta es la última puerta que toco. Si no me ayudan a resolver mi problema ó termino en la cárcel o en el panteón.

A caramba, ¿y por qué dice eso? le preguntó el licenciado.

 
Alegorías Miedo
Escrito por Jesús Huerta Suárez    Lunes, 28 de Junio de 2010 18:15    PDF Imprimir E-mail

Nunca en mi vida había sentido miedo; digo, miedo de andar en la calle. Porque, temor a una enfermedad, o a la aparición de un fantasma, o a los cobros del agua y de la luz, pues es normal, pero, a andar en la calle, ahora si me está dando miedo.

Y vaya que, a cómo están las cosas, no se necesita hacerle daño a alguien, pertenecer a alguna pandilla, o ser un delincuente consumado para estar expuesto a un acto violento.

 
El ladrón
Escrito por Jesús Huerta Suárez    Sábado, 19 de Junio de 2010 11:13    PDF Imprimir E-mail

Alegorías
Por Jesús Huerta Suárez


El ladrón

Muy pronto se corrió el rumor entre los vecinos de la Quinta Díaz de que un asaltante andaba rondando por sus casas. La policía ya estaba alertada, pero   los días pasaban y no daban con el maleante. Se sabía que su modus operandi era atracar mujeres; decían los investigadores que no le gustaba batallar, o que quizás era alguien que evitaba toparse con otro hombre pues lo más seguro es  que lo moliera a golpes y de paso lo mandara a la cárcel.

Todo comenzó una noche, cuando la joven Daniela de 16 años llegó a su casa después de las diez, y se puso a bajar unas pertenencias de la cajuela del auto, entonces, dice que de pronto alguien la tomo por la cintura por detrás, y le dijo al oído –“dame las llaves del carro, nena-, y no grites… que no quisiera hacerte daño- ella simplemente se las entregó. El asaltante salió disparado en el coche con rumbo desconocido. Daniela entró corriendo a su casa y comenzó a gritar que le habían robado el carro; la joven estaba asustada, sobre todo, porque era su carro, que un año atrás le habían regalado con motivo de sus 15 años. Sus padres llamaron a la policía y pronto llegaron a su casa. De inmediato le preguntaron cómo habían sido el robo; ella les contó que de pronto sintió unas manos en la cintura y que alguien con una voz “muy varonil” le había pedido que le entregara las llaves del carro, y  que eso era todo lo que había pasado. Pero cómo era el tipo- preguntó el agente. Y ella sólo pudo decir que era un hombre alto de ojos verdes. 

 
Alegorías El Novio de mi Hijo
Escrito por Jesús Huerta Suárez    Miércoles, 09 de Junio de 2010 06:21    PDF Imprimir E-mail
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Nunca pensé que una charla de sobre mesa familiar, me fuera a consternar tanto. Resulta que por casualidad, alguien dijo estar molesto por que se enteró que su tía Nelly era lesbiana. Es decir, la hermana de mi esposa, a quien conozco desde muchos años, resultó ser que le gustan las mujeres.

De inmediato los demás secundaron el comentario. Para mi no cambió mi apreciación sobre ella, total, es su vida. Y, mientras estaba reflexionando sobre el asunto, mi hijo, el mayor, dijo que a él no le desagrada en nada su tía Nelly, y que la apoyaba, y entonces, viéndonos a todos a los ojos, nos confesó que era homosexual. Que lo era desde pequeño y que no había encontrado mejor momento para declararlo.

 
Alegorías La carne
Escrito por Jesús Huerta Suárez    Martes, 18 de Mayo de 2010 07:39    PDF Imprimir E-mail


La misa estaba por comenzar. En el templo de San Pedro y Pablo, de Pueblo Yaqui, no cabía ni un alma más. Se iba a oficiar una misa de cuerpo presente por una conocida señora que acababa de fallecer. Las butacas estaban ocupadas principalmente por familiares de la extinta señora; además por cientos de vecinos y amigos. Las lágrimas de los dolientes y el sudor provocado por el fuerte calor de esa mañana de verano, se mezclaban sin poderlo evitar.

 
¿Sonora SI, Novillo no?
Escrito por Jesús Huerta Suárez    Sábado, 15 de Mayo de 2010 12:39    PDF Imprimir E-mail

Este trascendental asunto de resolver la escasez de agua en Cajeme y en Sonora, tiene muchos puntos de vista, pero lo más cierto es que exige una solución, de ser posible, definitiva, o, cuando menos, de largo plazo. En lo personal creo que es un grave problema el que tenemos a cuestas y que sólo se resolverá de manera razonada mediante el uso de la inteligencia, la ética y una visión de estado, por lo tanto, creo que es necesario analizar los diferentes puntos de vista de las instituciones, las autoridades y de los ciudadanos, sin olvidar que uno de los aspectos más decisivos en este tema, es que dependemos en gran medida de algo impredecible e imprescindible, como son las lluvias. Pequeño gran detalle que está fuera de nuestro alcance.

 
El disfraz
Escrito por Jesus Huerta    Martes, 04 de Mayo de 2010 17:06    PDF Imprimir E-mail

Alegorías
Por Jesús Huerta Suárez

El disfraz

Muy rápido la emoción que sentían sus compañeros de trabajo por la fiesta del día del niño que estaban organizando para festejar a todos los hijos de los empleados de la maquiladora, se le contagió a Martín. Los preparativos comenzaron un mes antes y todos aportaban ideas con la intención que los pequeños tuvieran una fiesta inolvidable. Él, aunque no tenía hijos, y ni siquiera estaba casado, se involucró de fondo en la organización del evento; siempre participaba en todo lo que se organizaba en la empresa, desde juegos de fútbol, competencias de conocimientos, cursos prácticos a los jóvenes en las colonias; en todo.

 


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